Aventura

De aventura por Colombia

Desde el Amazonas hasta el Cabo de la Vela y desde el Pacífico hasta el Orinoco, Colombia ofrece mil y un escenarios para practicar deportes extremos. En esta última edición del año la invitación es a que en la inminente lista de propósitos del 2011 se arriesguen a incluir una escapada a alguno de ellos y descubran lo divertido que puede resultar poner a prueba su temple en medio de los inigualables paisajes colombianos. Doce deportes para practicar por aire, agua y tierra a lo largo de doce meses y decenas de lugares recomendados para hacerlo, conforman este especial pensado para cuerpos saludables y almas inquietas. ¡Feliz 2011!

En busca del paisaje perfecto

“La vuelta a la sierra”, así se llama el recorrido que las altas montañas del norte de Boyacá ofrecen a los caminantes dentro del Parque Nacional Natural El Cocuy.
No se necesita ser un atleta, tampoco un temerario escalador para disfrutar de la belleza de estos parajes que se levantan a un promedio de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Los únicos requisitos son buena salud, ganas de caminar, deseos de tranquilidad, contar con varios días e ir acompañado de un guía experimentado.
Partiendo del pueblo de El Cocuy, ubicado a 2.600 metros de altura y catalogado como el más lindo de Boyacá, comienza esta vuelta que puede hacerse en sentido norte-sur, o viceversa, incluyendo pasos sobre glaciares y ascensos a picos nevados, o evitándolos; de un solo jalón, o con paradas de varios días en cada laguna.
Bosques de frailejones, más de veinte majestuosos picos nevados, glaciares como el Ritacuba Blanco (la cumbre más alta de la cordillera Oriental), paredes rocosas, quebradas cristalinas e impactantes lagunas como la de La Plaza, son las recompensas que harán que cada esfuerzo valga la pena.
Otros sitios para practicarlo: Parque Natural Nacional Los Nevados (departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima), Parque Nacional Natural Puracé (departamentos de Cauca y Huila).

La adicción de volar

Para lanzarse al vacío en parapente con una vista panorámica imperdible solo basta poner rumbo a Villavicencio, más precisamente a la pista de despegue o voladero Samaria ubicado a seis kilómetros de la capital del Meta.
Es allí donde aficionados y profesionales decididos a desafiar el miedo emprenden vuelo dejando la ciudad a sus pies.
Térmica y no dinámica –aseguran lo expertos– es allí la práctica del parapentismo y eso, en otros términos, significa que el parapentista no depende del viento sino de las corrientes de aire caliente que salen de la tierra para mantener la altitud del vuelo.
Para vivir esta increíble experiencia por primera vez, hay que realizar un vuelo tándem, es decir, acompañado de un instructor que controla el ala y todo el sistema de suspensión y frenos. Una vez en el aire, el vértigo y cierto pánico por sentirse flotando empiezan a ceder gradualmente. La sensación es la de viajar en un gran columpio. El aire, que golpea fuerte por la altura, al mismo tiempo se siente fresco, muy diferente que cuando se tienen los pies en la tierra. Superada la prueba pero no la “fiebre”, quien quiera sumergirse de lleno en este deporte puede hacer un curso que dura un mes y durante el cual se adquieren conocimientos de aerodinámica y de manejo de corrientes.
Otros sitios para practicarlo: Floridablanca (Santander), Yopal y Aguazul (Casanare), Suesca y El Paraíso en Sopó (Cundinamarca) y Anserma (Valle del Cauca)

Viajar por los árboles

El Amazonas encierra variados desafíos para el viajero. Uno de ellos consiste en escalar, atado a una cuerda, entre 25 y 30 metros de un majestuoso higuerón hasta alcanzar su copa. Una vez allí, luego de observar en su plenitud el dosel o techo verde que forma la selva, hay que estar listo para volar 80 metros lineales sobre semejante espesura. Esta actividad, conocida como canopy consiste en deslizarse por el aire utilizando cuerdas y poleas para ir avanzando entre distantes plataformas ubicadas en la copa de los árboles.
Con distancias cortas o largas y alturas que van desde los 30 ó 40 metros hasta los 250, esta experiencia de ver el bosque desde arriba es, además de intrépida y emocionante, una actividad que puede ser practicada por personas de cualquier edad ansiosas de interactuar con la naturaleza desde una nueva y diferente perspectiva.
Otros sitios para practicarlo: Piedra del Peñol, (Antioquia) y Parque del Café, (Quindío).

Cascadas de adrenalina

Vértigo es lo primero que se siente parado en una roca de treinta metros de altura, con el aire golpeando el rostro y amarrado a un arnés, esperando para descender por la cascada La Fuetera de la quebrada Sorocotá, cerca de Santa Sofía (Boyacá).
Pero solo basta repasar los conceptos aprendidos en la charla técnica previa, para sentir la confianza suficiente para enfrentar el abismo. El miedo se transforma en emoción y el torrentismo, deporte extremo que consiste en hacer rappel o descenso por rocas pero con el reto adicional de recibir la fuerza del agua de una cascada, resulta ser la excusa perfecta para disfrutar de la vista, el aire, el sol y el sonido del torrente de agua.
Para hacer un gran descenso hay que tener una gran cascada y un paisaje natural de fondo. Y eso es lo que abunda en Colombia en distintos pisos térmicos, lo que convierte cada experiencia en única, por la vegetación y el clima diferentes.
Otros sitios para practicarlo: Cascadas de El Palmar, Nimaima (Cundinamarca), Cascadas de Juan Curi, San Gil (Santander), Cascada El Cinco, San Agustín (Huila).

Inmersión profunda

Considerada por quienes conocen del tema como uno de los mejores destinos del Caribe para la práctica del buceo, Providencia no gusta de esconder sus secretos submarinos. Al contrario, prefiere compartir con alegría y generosidad la transparencia y calidez de su mar, los colores de la inmensa variedad de especies que lo habitan, las diferentes profundidades en las que la vida marina se ha asentado esperando la visita respetuosa de los buzos, los sinuosos movimientos de las mantas, la pureza de las arenas del lecho marino…
En la bahía de Agua Dulce hay expertos instructores listos a explicar todo lo necesario para disfrutar de esta maravillosa experiencia: desde los principios de la presurización que ocurre en el cuerpo y el funcionamiento del regulador y las aletas, hasta el método para vaciar la careta y solucionar cualquier emergencia que se presente en la inmersión. La duración, intensidad y complejidad de las clases se adecuan a las necesidades del buzo, y van desde un minicurso de una hora para quien desee sumergirse por una vez, hasta el curso avanzado con certificación, que en su primer nivel dura cuatro días e incluye cuatro inmersiones y el equipo completo.
Para aquellos que deseen experimentar de primera mano la vida submarina pero no se deciden a bucear con tanques, el snorkeling (careteo) es una alternativa que en Providencia encuentra también excelentes lugares para ser practicada, como los cayos de Los Tres Hermanos, Cayo Cangrejo y la costa occidental de Santa Catalina y su famosa cabeza de Morgan.
Otros sitios para practicarlo: Gorgona y Bahía Solano, en el Pacífico. Taganga e Islas del Rosario, en el Caribe y Laguna de Tota, en Boyacá, para buceo de altura.

Alzando vuelo

Vientos constantes todo el año convierten a este lago en el Valle del Cauca en el sitio ideal para practicar kitesurfing. La fuerza del viento, que en este lugar alcanza una velocidad promedio de 40 kilómetros por hora, empuja la cometa y hace que en pocos minutos los deportistas se desplacen de un extremo al otro del lago, se eleven por el aire, salten y creen un fascinante espectáculo de colores, agua y viento.
Este deporte extremo, que con la debida precaución y preparación puede practicarse sin problemas, requiere para principiantes un curso básico de ocho horas al cabo de las cuales aprenderán cómo funciona la cometa, cómo armar el equipo y cómo sacar provecho del viento. Luego de una semana, y ya en el nivel intermedio, se les enseña a saltar y a hacer algunas piruetas no muy complicadas. Tranquilidad, paciencia y mucha práctica para ir a paso lento pero seguro es lo que se necesita en este deporte que usa la fuerza del viento para
deslizarse sobre el mar.
Otros sitios para practicarlo: Cabo de la Vela (La Guajira) e Isla de San Andrés. Otros sitios para practicarlo: Cabo de la Vela (La Guajira) e Isla de San Andrés.

Un desliz en el mar

La delgada línea costera que une la inmensidad azul del océano Pacífico con el exuberante verde de la selva chocoana, es el escenario donde en pocos días expertos y amigables profesores enseñan a disfrutar de las diferentes olas que ofrece Nuquí, varias de ellas consideradas las mejores de Colombia.
Allí, extensas y tranquilas playas con suave oleaje son el lugar perfecto para aprender lo básico de este deporte y familiarizarse con el equipo y la terminología adecuada. La playa La cascada del amor es la elegida por los principiantes, que aprovechan sus pequeñas olas para ir mejorando su nivel. Para quienes ya manejan ciertas habilidades con la tabla y se pueden considerar surfistas intermedios, la playa del Terco y la de Juan Tornillos son buenos sitios de entrenamiento, pero sin duda el tesoro de Nuquí se encuentra en el extremo sur del golfo de Tibuga, donde se produce una imponente ola conocida como Pico de Loro. Considerada de categoría mundial, surfistas de todo el mundo llegan hasta este pedazo de Chocó por el simple placer de remontarla una y otra vez. Otros sitios para practicarlo: Puerto Velero, cerca de Barranquilla y Cabo de la Vela, en La Guajira

Rodando entre valles y montañas

Siete días alcanzan para descubrir esas densas montañas de Los Andes colombianos, salpicadas de casas de colores, cultivos de maíz y caña y desiertos llenos de fósiles, a lo largo de una travesía plena de aventuras que exige un buen estado físico. De pueblo en pueblo, comenzando en Guasca, Cundinamarca se llega a La Cuchilla a 3.200 metros de altura, se baja luego a Gachetá y su tibio río a 1.700 metros sobre el nivel del mar, se pedalea luego hasta Manta y posteriormente ya, en Boyacá, se llega a Tenza en medio de soberbios paisajes que muestran como en Colombia se pasa en una hora de las alturas al suelo tropical. Luego de descansar en la Hacienda Baza, entre Tibaná y Jenezano, la próxima meta es Samacá, y como remate la encantadora Villa de Leyva y el cercano desierto de La Candelaria, con sus milenarias tierras amarillas, naranjas y ocres.
Alternativa maravillosa para disfrutar de rincones inexplorados, paseos de ciclomontañismo como este exigen, sin embargo, buen estado físico y mucha practicidad: ir en grupo, llevar lo mínimo en un morral, aceptar los imprevistos y tener inmensas ganas de enfrentar el desafío. Otros sitios para practicarlo: Parque Nacional Los Nevados.

Viaje a las entrañas de la tierra

A veinte minutos de San Gil, en el municipio de Páramo, se encuentra una maravilla natural a la que se entra volando y se sale nadando. La cueva del Indio se llama este sitio lleno de estalactitas y estalagmitas donde se puede practicar la espeleología o exploración de cavernas, uno de los deportes extremos más fascinantes.
Caminando en fila india, con cuidado de no perturbar a los murciélagos, con pasos firmes para no resbalarse e iluminando el sendero con las linternas de los cascos, los aventureros se internan poco a poco en el estremecedor mundo de las cavernas. Al oír los sonidos de la cascada hay que prepararse para el momento más esperado de esta aventura: saltar a un pozo de seis metros de profundidad desde una plataforma a 5,40 metros de altura, alumbrados solo por la luz de la linterna.
Luego del chapuzón y de nuevo en la superficie, guiados por una cuerda que hace las veces de pasamanos, se alcanza el otro extremo de la caverna donde la luz natural y uno de los paisajes más cautivadores de la geografía colombiana ponen punto final a la incomparable experiencia de estar en contacto directo con la vida bajo tierra.
Otros sitios para practicarlo: Cueva del Alto Naranjo, San Agustín (Huila) y Cavernas del río Nus y la cueva de los Guácharos (Antioquia).

Ríos de adrenalina

Con una agradable temperatura promedio de 24 grados centígrados y con la posibilidad de elegir entre tres rutas diferentes, con distinta duración y dificultad, el río Páez en el municipio de Paicol, departamento del Huila, se presenta como un exótico escenario para la práctica del rafting o canotaje, deporte de aventura que consiste en descender ríos de montañas en la misma dirección de la corriente, en un bote neumático o raft, dirigido por un guía que va en la parte trasera y conoce cada tramo, los grados de dificultad y la manera en que el equipo –pues claramente esta es una aventura de equipo– se debe enfrentar a ellos.
Aparte de los hermosos paisajes que enmarcan cualquiera de los descensos – más fáciles de apreciar en los momentos en que la balsa inflable pasa por zonas de aguas tranquilas–, es probable que nutrias y bandadas de aves tropicales se unan al grupo durante el recorrido… tan solo un premio más para quien se aventura a desafiar estas corrientes, que pocos metros más abajo se entregan al río Magdalena. Otros sitios para practicarlo: Río Fonce, San Gil (Santander), Río Cravo sur, Yopal (Casanare), Río Magdalena, San Agustín (Huila) y Río Cauca, La Pintada (Antioquia).

Una caminata por la jungla más rica del mundo

Cerca de Bahía Solano, a unos veinte kilómetros hacia el sur, el corregimiento de El Valle ofrece un apasionante aprendizaje por reservas naturales. A lo largo de un sendero que espía la intimidad de la selva húmeda que durante milenios evolucionó aquí, capacitados guías enseñan los procesos que emplea la madre naturaleza para crear la vida.
Durante el recorrido, quien escuche atentamente podrá fusionar los latidos de su corazón con el de los centenarios palos de carrá, chanú o las palmas milpesos, con el croar de las ranitas multicolores que parecen sacadas de un cuento infantil, y con el trinar armonioso de las aves que desde las lejanas alturas del dosel nunca se callan.
Hipnotizado por tantos aromas, embelesado con la tenue llovizna que parece salir del suelo y levantarse al cielo, silenciado por las eternas pulsaciones que nacen en la Tierra, quien camina por las profundas selvas del Chocó estará volviendo realidad el sueño de cualquier biólogo: perderse en la profundidad de la selva para descubrir sus insondables secretos. Otros sitios para practicarlo: Parque Nacional Natural Gorgona (Valle del Cauca) y Parque Nacional Natural Amacayacu (Amazonas).

Dominando el viento

Una escuela para aprender o practicar, viento estable y cero olas que dificulten el inicio son los atractivos del embalse de Tominé, un reducto perfecto para quienes quieren incursionar en este deporte que puede ser tan extremo como se quiera.
Repartida entre los municipios de Guatavita y Sesquilé , hacia el norte de Bogotá, en esta represa rodeada de un bello paisaje andino, son muchas las tabla-vela que se observan surfeando o navegando impulsadas por el viento.
Con el traje de neopreno puesto para protegerse del frío y un chaleco salvavidas que confiere seguridad, los principiantes aprenden, antes de ingresar en el agua, cómo montarse a la tabla, cómo levantar la vela sin estropearse la columna y cómo cambiar la dirección de la nave. Tres movimientos claves de cuya correcta aplicación depende que la diversión sobre el agua esté asegurada. Otros sitios para practicarlo: Cabo de la Vela (La Guajira), Salgar (Atlántico), Chivor y Copa (Boyacá), Calima (Valle del Cauca) y San Andrés y Providencia.

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