Destino

Buenaventura Tierra de agua

Por: Joan Rojas


Puerta grande de Colombia en el Pacífico colombiano, la bahía de Buenaventura no solo recibe portentosas embarcaciones provenientes de todo el mundo, sino que también acoge cálidamente a sus visitantes con una impresionante riqueza natural, una cultura autóctona y exquisitos sabores.

Más conocida por albergar al puerto más importante de Colombia que por sus bondades naturales y paisajísticas, la Buenaventura comercial guarda otros secretos que se empiezan a develar cuando desde el avión se observa la selva húmeda, parte del encanto de este municipio, el más extenso del Valle del Cauca.

Ciudad puerto

Hace ya 472 años que Juan de Ladrillero y Pascual de Andagoya fundaron, casi sin querer, lo que es hoy Buenaventura. Sin ninguna intención de establecer una población en este lugar debido a las difíciles condiciones climáticas y geográficas que encontraron en esta bahía emplazada entre las aguas del Pacífico colombiano y la zona montañosa de la cordillera Occidental, fue su ubicación estratégica como puerto la que los convenció. Desde entonces, poco a poco la ciudad se abrió paso y fue cobrando importancia para el país. Ya para mediados del siglo XIX, teniendo oficialmente abierta
la carretera que lo comunica con Cali, la isla de “Cascajal”, como era conocida por la tribu de los “Buscajes”, se oficializaba como puerto y ciudadanos europeos y norteamericanos, e incluso algunos consulados extranjeros, pisaron estas tierras de manglares y empezaron a moldear su
identidad arquitectónica.
Las cosas han cambiado mucho desde esos días. Buenaventura dejó de ser puerto de primera generación y ahora, gracias a implementaciones tecnológicas y logísticas como su división en terminales especializados, está a la altura de los requerimientos internacionales ya convertida en puerto de tercera generación. Desde allí sale 80% del café colombiano que se disfruta por todo el globo y es también allí donde se recibe casi 60% de las importaciones marítimas, lo que lo convierte en un espacio vital para la economía nacional.
Teniendo en cuenta su impor tancia geoestratégica y económica, además de las problemáticas de índole social, Buenaventura ha sido propuesta como Distrito Especial Portuario y Biodiverso. Y es que una ciudad-puerto que está en continuo desarrollo y que se prepara para implementar en el futuro mejoras muy importantes para la competitividad en el plano internacional, no solo debe trabajar en el recinto portuario, sino que también debe pensar en el crecimiento en conjunto con la ciudad, en el desarrollo municipal y en posicionarse igualmente como un paraíso turístico, todo esto en un entorno sostenible con el medio ambiente.

Calles, arquitectura y gastronomía

La tragedia –incendios monumentales de los cuales el último y más grande fue en 1931, un terremoto y hasta la explosión de un navío cargado
de dinamita– ha marcado la vida de este pueblo que, pujante, ha reconstruido su ciudad una y otra vez. Y es quizá ese aspecto el que no le ha permitido conservar una estética arquitectónica definida.
Sin embargo, Buenaventura refleja un pasado próspero, como si se hubiese detenido en el tiempo. Pruebas de ello son el recinto amarillo de la Registraduría, la estación del ferrocarril y el Hotel Estación, inaugurado en 1928, una de las joyas arquitectónicas del país y patrimonio de la nación, que cuenta con una vista privilegiada al mar, por un lado, y al majestuoso puerto, por el otro. O el edificio del CAM (Centro Administrativo Municipal), que ostenta orgulloso, desde 1990, un récord Guinness por tener el mural más alto del mundo, llamado Buenaventura, 450 años al cosmos, una oda pictórica a la historia del puerto y sus habitantes.
Por su parte, la arquitectura local ofrece los pintorescos mercados típicos en plazas como Bellavista, Juan XIII, Matía Mulumba y Pueblo Nuevo, siendo esta última la más grande y tradicional. Allí no solo se comercializan los productos tropicales del Pacífico sino que en esos “matriarcados gastronómicos” también se pueden degustar los mejores platos representativos, los que llevan la sazón de varias generaciones de abuelas. El sancocho de ñato es uno de los más apetecidos, pero la variedad de ellos es tan interminable como las preparaciones de arroz con coco que lo acompañan. También son tentaciones para un buen comensal los frutos del mar, preparados de innumerables formas: langostinos encocados, al ajillo, apanados, fritos o un ceviche de camarones frescos, por mencionar algunos. Y a la hora de los postres hay que probar el Birimbí, Cancharina (maíz tostado en polvo), cocadas, galletas de coco y otras delicias impensables que surgen al confitar este fruto tropical. Después de la comida y de una caminata por el malecón, más de uno querrá probar el “Arrechon”, bebida a base de viche que promete ser un poderoso afrodisiaco, y de la que las mujeres del Pacífico tienen más de 15 recetas milagrosas.

Playas para todos los gustos

El mar se vive diferente en cada región, y Buenaventura no es la excepción. Pocos lugares tienen tal oferta de playas como la isla de “Cascajal”, pero en todas, la brisa del Pacífico y su gente alegre y bullera son una constante.
Lo más sencillo es acercarse al puerto y diseñar un plan acorde al presupuesto y al espíritu de cada cual. Una posibilidad consiste en alquilar una lancha para recorrer sin afanes, uno a uno, estos paraísos de arena y mar sin depender de terceros y poder gozar de lugares casi vírgenes. Otra, subirse a las embarcaciones que salen constantemente con turistas de todas partes decididos a explorar las diferentes playas del Pacífico.
Al acudir al puerto marítimo se descubrirá que la oferta es extensa: La Bocana, Piangüita, La Barra, El Tigre, Juanchaco, Ladrilleros y otras no tan conocidas y por lo tanto más exóticas. Hay que tener en cuenta que mientras más virgen y paradisiaco es el sitio, más primitivas son las condiciones hoteleras y de infraestructura y esto a su vez define el tipo de turista que las visita, backpackers y campistas o personas en plan de relajación y reconocimiento.
Esta época, al no ser temporada alta o de avistamiento de ballenas, promete paraísos de descanso que pueden comenzar por La Bocana, la población más cercana al puerto. A unos minutos de viaje en lancha y de recibir la fresca brisa en la cara, se puede avistar esta población de pescadores. Buena comida con sabor local (pargo frito, langostinos encocados con arroz y patacón o una suculenta langosta), un baño en el mar, aire fresco, hospitalidad y una caminata por el pueblo y ya es hora de tomar camino. Las amplias playas bocaneras, las casas de madera de los pescadores y sus respectivas embarcaciones coloridas se van alejando y cientos de cangrejitos dan la bienvenida a La Piangüita, donde la gente local se divierte jugando al fútbol y las noches son perfectas para una fogata. Si bien Piangüita tiene un carácter más turístico y hay menos población nativa y comercio, es un lugar muy tranquilo y sugestivo. Para cerrar el día está Villa de la Piangüita, un hotel de cinco plantas con vista hacia la naturaleza y al mar donde cualquiera soñaría despertar o ver caer el día.
A veinte minutos en lancha bordeando la costa se encuentra Juanchaco. Situado en la saliente occidental de Bahía Málaga, es la puerta de entrada a las playas de Ladrilleros y La Barra. Un mototaxi es el medio ideal para dirigirse a la primera. No es raro ser recibidos por una lluvia leve y refrescante que se olvida fácil cuando los ojos descubren un inmenso cielo de mil tonos rojos. En las playas de Ladrilleros, amplias y generosas, hay lugar para todos: futbolistas, surfistas y los “skinboarders” (el deporte local).
Pero más allá de sus variadas playas, Bahía Málaga es importante por su riqueza natural. El agua es la clave de la vida y en esta región hay de sobra. La alta pluviosidad presente todo el año alimenta la hidrografía terrestre de las 47.094 hectáreas de selva muy húmeda que conforman el área protegida. Banco de especies invaluables para la humanidad y uno de los destinos de la migración estacional de poblaciones de la ballena jorobada, Urumba Bahía Málaga pasó a ser parte desde 2010 de la red de Parques Nacionales Naturales con la ayuda y el esfuerzo de las comunidades locales.
Para aprovechar y disfrutar este regalo de la naturaleza, los turistas pueden emprender desde Ladrilleros dos recorridos ecoturísticos: Nato Bonito y La Pachenda, dos caminos diferentes para adentrarse en la selva húmeda. A pie o en canoa, los esperan senderos únicos, un clima agreste y una exuberante belleza natural en la que se mezclan lo indómito y lo sublime, sensaciones que son privilegio de pocos.
Luego de una última bocanada de aire del Pacífico en los pulmones, la cita es nuevamente en el muelle. Desde la lancha se adivinan de nuevo el puerto de Buenaventura, las luces y el faro, símbolos de la ciudad, mientras que atrás la tierra bendecida por la lluvia seguirá esperando a sus nuevos visitantes.

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