No se trata solo de diagnosticar problemas. También de encontrarle soluciones y eso es lo que se ha conseguido en el medio y bajo Putumayo al sustituir los cultivos ilícitos –que durante más de dos décadas sumergieron a ese departamento en una economía influenciada por el narcotráfico–, por palmas de chontaduro o Bactris gasipaes de las cuales se extraen hasta cuatro o cinco cosechas de su tierno y jugoso corazón, conocido como palmito. De esta manera, la cuenca amazónica, tierra fértil y depositaria de una gran variedad biológica de ecosistemas y especies, ha encontrado un camino propio, basado en el desarrollo sostenible, para mejorar la calidad de vida de sus pobladores e incrementar la productividad de sus tierras.
Todo empezó con el objetivo de que comunidades como las de San Miguel, La Hormiga, Orito, Puerto Caicedo y Puerto Asís, encontraran otro medio de ubsistencia
diferente de la siembra de matas de coca. Así nació en los años noventa este proyecto amplio –pues cobija a más de 350 familias de pequeños productores– e integral ya que abarca la producción, transformación y comercialización del producto, dando para ello asistencia técnica, material vegetal e insumos para que los corazones de la palma de chontaduro lleguen transformados en delicados palmitos a las grandes superficies del país y, desde 2009, a las del extranjero. A medida que aparecen nuevos mercados y nuevas formas de consumo, su aceptación es cada vez mayor y lo es también la conciencia de los consumidores que saben que al llevar a su mesa los palmitos del Putumayo, además de disfrutar de un producto gourmet natural, orgánico y exquisito están aportando su granito de arena para que estos agricultores tengan una vida más digna.
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