Invitado

Inés María Zabaraín

Por: Milena Clavijo


Su balance no puede ser mejor.
Aprovechando las oportunidades que le ha brindado la vida y a punta de disciplina y talento, ha construido una exitosa y ascendente carrera en los medios de comunicación y, a la par, ha formado una familia ejemplar. Retrato de una de las más bellas y queridas presentadoras de noticias del país.

Que hablar en público no la intimidaba fue algo que Inés María Zabaraín supo muy pronto, cuando todos los domingos leía en voz alta la segunda lectura de la misa, aunque el atril le quedara apenas a la altura de los ojos y los asistentes no pudieran verla desde el otro lado. “Esto le genera mucha timidez a la mayoría de la gente. Todos se reían porque yo era muy chiquita y nadie me veía parada junto a ese atril tan grande, pero a mí me gustaba hacerlo. Es algo que yo tenía adentro”, recuerda.
Desde el colegio, cuando estaba en primaria, se sentía en su elemento siendo la “maestra de ceremonias” en
cualquier acto que hubiera. “Me gustaba eso de enfrentarme al público, de sentirme la líder allá arriba y manejar el tema de las comunicaciones. Me acuerdo que participaba en el concurso de trabalenguas y en el de oraciones.
Además, en la clase de español tocaba hacer un noticiero y siempre quería ser la presentadora”. Pero esos impulsos de protagonismo se acababan al llegar a casa. “Ni en la vida diaria, ni en las reuniones familiares soy así, más bien soy muy tranquila, de bajo perfil”.
Esa vocación temprana por los micrófonos se combinó con una obsesión por el lenguaje. “Soy una apasionada de la ortografía, me encanta escribir y leer bien y me enferman los errores ortográficos. A mis pobres hijos desde pequeños, y aunque no tenían ni idea por qué, les he hecho poner tildes.”

De la universidad a las pantallas

Por todo lo anterior a sus papás no les sorprendió que quisiera estudiar Comunicación social, pues se daban cuenta de que estaba hecha para eso. Lo que no entendían era por qué solo quería presentarse a la Universidad Javeriana y desechaba otras opciones. Pero a sus 16 años Inés María era cabeza dura y por fortuna las cosas le salieron bien. “A mí me gustó desde siempre la Javeriana y soy una orgullosa egresada de su Facultad de Comunicación”.
En una carrera como esa, el reto es estar frente a las cámaras, los micrófonos o publicar un texto en un periódico o revista. “Son muchos los que quieren tener esa oportunidad. Mi ventaja fue que desde el tercer semestre me logré vincular a unos programas educativos que hacía la Javeriana para el canal 3, hoy Señal Colombia. El primero en el que participé se llamaba Educadores de hombres nuevos, y ahí presentaba una sección llamada Pizarras, y después vino otra que se llamaba Itinerario. De esa forma, al mismo tiempo que aprendía la teoría, practicaba lo aprendido. Fui una afortunada, porque ahí arranqué”.
Pero la gran oportunidad llegó cuando en VI semestre un compañero de la universidad que trabajaba en Panorama, el magazín de JES, le contó que necesitaban presentadoras. “Mandé mi hoja de vida en la que contaba la experiencia que tenía, que era sólo lo de la Javeriana, presenté la entrevista con Julio Sánchez Cristo, y él me contrató. El programa salía los viernes a las 7.30 de la noche, en pleno horario prime y tuve que enfrentarme a unos niveles de exigencia muy altos. Allí me quedé casi dos años, aprendí cantidades y fue muy chévere, porque cuando me gradué ya estaba trabajando en el noticiero QAP”. Del resto ya somos testigos los televidentes que la hemos visto noche a noche en la pantalla. A principios de 2010 completó diez años de trabajar con el canal Caracol, en el que afirma sentirse feliz, valorada y muy a gusto.

Comunicar, comunicar y comunicar

Nacida en Ciénaga y criada desde los cuatro años en Santa Marta, Inés María conserva un suave acento costeño, que sin embargo no aparece para nada cuando habla frente a las cámaras. “No tengo la conciencia de haber trabajado para eliminar mi acento, pero siempre he tratado de hablar lento, haciendo un esfuerzo por pronunciar muy bien las palabras, sin comerme letras como la s y la r. Fue un proceso casi inconsciente, pero que seguramente fui realizando a medida que adquirí experiencia. Hoy miro los videos de VHS que tengo por ahí y me muero de risa cuando veo que no tenía ritmo, no llevaba un tono… Yo sólo me preocupaba porque la gente me entendiera, y para eso supervocalizaba todo”. Hoy se siente realizada profesionalmente gracias a que ha tenido la oportunidad de pasar por todos los medios de comunicación. “He tenido la posibilidad de hacer una carrera en la televisión y las noticias, que es lo que más me gusta. También trabajé en la revista Cambio; durante cinco años fui editora para Latinoamérica de una revista especializada en gafas, y estuve un rato haciendo radio para la W en las tardes. Cuando miro para atrás, pienso que es una maravilla haber podido pasar, así sea por momentos cortos, por todos esos medios y además, quedarme en el que más me gusta”.
En un país como Colombia, que históricamente genera muchas noticias, es frecuente que lo que hoy acapara la atención, mañana sea opacado por otro acontecimiento. “Eso es algo bueno para esta profesión –afirma Inés María–, porque aprendes mucho, recibes información muy variada, siempre debes estar alerta”. No obstante, es doloroso que muchas de esas noticias sean trágicas, y tengan su origen en la violencia que azota cada rincón del país. “El día que mataron a los diputados del Valle salí del noticiero a llorar, fue algo muy fuerte, ese tema me golpea mucho. Pero después de todo lo horrible, se concluye que somos más los buenos que los malos.
La gente buena de Colombia es buena de verdad, con un corazón grandísimo, solidarios, dispuestos a apoyar mucho a los otros y con un gran corazón”.
Actualmente, además del Noticiero de Caracol TV, está presentando para su canal internacional el programa Colombia más cerca, dirigido a los compatriotas que andan por fuera y a los que quisieran estar acá y no pueden.
“Les presentamos los lugares turísticos de Colombia, cómo van evolucionando. Y es impresionante cómo le llega a la gente este programa. Cuando contamos los problemas de algunas personas o comunidades, son muchos los que colaboran desde afuera, crean fundaciones, mandan recursos. La verdad es que en este trabajo no tienes tiempo de aburrirte, y además, tienes la posibilidad de hacer cosas por los demás”.

Pasión por la familia

Para Inés María, la familia lo es todo. Guarda los mejores recuerdos de su infancia y del fuerte vínculo con sus
padres y hermanos. “Mi papá fue gerente del Banco de la República muchos años y mi mamá siempre fue ama de casa y estuvo pendiente de nosotros. Tengo un hermano mayor, Rafa, que es psicólogo deportivo y trabaja en Coldeportes, y una hermana menor, María Mercedes, que también es psicóloga y vive en Barranquilla, donde trabaja con su esposo”.
Ella, a su vez, ya en Bogotá, y trabajando en QAP conoció al también periodista Jorge Alfredo Vargas, su marido desde hace más de 13 años y con quien tiene tres hijos, Laura (12), Sofía (9) y Felipe (7). “Haber tenido la posibilidad de probar todos los medios, tener una carrera y además una familia, mi marido y mis tres hijos, es mi felicidad. Alcanzar un equilibrio y conservarlo, que no es fácil, constituye mi mayor logro. Afortunadamente siempre he tenido el apoyo de Caracol con mis horarios, lo que me ha permitido acompañar
a mis hijos en todos los procesos, sus llegadas del colegio, las tareas que cada vez son más difíciles y para las cuales no me alcanza la tarde entera para ayudarles”.
Hoy sus días comienzan a las cinco de la mañana, y si madruga lo hace porque el trabajo y los hijos se lo exigen, pero ella en realidad es una mujer noctámbula. “A veces alcanzo a dejar a mis hijos levantados y desayunando y otras me voy más temprano. Termino mi noticiero y me quedo grabando el programa turístico
o revisando cosas, pero procuro siempre a medio día almorzar con Jorge Alfredo y recibir en casa a mis niños”. Pero esta esposa y madre a la que todo parece funcionarle a la perfección también tiene su lado débil. “Soy fatal en la cocina, no tengo ni idea de cómo hacerlo. Lo acepto: no me gusta, no lo disfruto, todo me queda mal. Gracias a Dios uno siempre tiene alguien que le ayuda”, reconoce con humildad.

Costeña de corazón

Con sus padres y hermanos viviendo en Santa Marta, ese es el destino preferido no solo por Inés María, sino por toda la familia. Cada vez que pueden aprovechan para visitarlos. “Ya que mis hijos no pudieron crecer allá, me gusta que al menos pasen las vacaciones. A ellos les encanta, es la fascinación total. La verdad es que en Santa Marta la paso como en ningún otro lugar”.
Fuera de su adorada ciudad, Inés María ha visitado Nueva York, Washington, Los Ángeles y Orlando, este último un destino infaltable porque a los niños les encanta ir a Disney.
Y si bien de Europa conoce muchos lugares, incluyendo Praga y Budapest, adonde fue hace poco, de Suramérica sólo conoce Argentina. “¡Hay tantos lugares por recorrer!, que si uno pudiera vivir viajando sería lo máximo”.
A pesar de adorar a sus hijos, con Jorge Alfredo se pegan sus escapadas en plan de pareja, y para ello nada mejor que París. “Nos parece la ciudad más romántica del mundo, entonces vamos de vez en cuando y de cuando en vez”. Por ahora sigue pendiente conocer Hawaii, Alaska y Egipto, planes que tendrán que esperar
mientras los niños crecen. “Hay que ser sensato y poner los pies en la tierra. Las escapaditas dependen del tiempo disponible, que no es mucho, pero las cosas se van dando, lo importante es estar feliz, gozarse donde
uno está”.
Por trabajo ha viajado a las ciudades más grandes de Colombia, pero le faltan sitios como el Amazonas y el Cabo de la Vela, donde le gustaría pasar la noche en una ranchería Wayuú. “En este país todo es divino. Cartagena, los pueblitos de Boyacá, el Eje Cafetero….” Pero Santa Marta sigue siendo su lugar en el mundo. “Sueño con volver a vivir allá. Obviamente mi trabajo no me lo permite ni por ahora ni en unos cuantos años, pero sí espero terminar mis días en esa ciudad”, confiesa.
Mientras tanto esta mujer linda, talentosa y esposa y madre ejemplar, se seguirá encomendando cada día a Dios y a la Virgen. “Soy católica, practicante y totalmente creyente. Rezo mucho por mi familia, mi matrimonio y mis hijos. Todos los días les pido que me den sabiduría para educarlos, ser una buena profesional y para que con mi trabajo pueda ayudar a la gente. Sé que mi vida está en manos de Dios y que es él quien hace que todo funcione o no”. Y nadie duda que sus oraciones son escuchadas.

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