Por: Jorge E. Pereira
¿Has entrado a los Mundos Virtuales? Si no lo has hecho, te llamará mucho la atención lo parecidos que son a la realidad.
Existen en ellos colinas, edificios, condominios, casas, vehículos y, naturalmente, toda clase de productos, que pueden adquirirse.
Estos espacios virtuales parecen absurdos a primera vista.
Muchos residentes usan curiosas vestimentas que parecen disfraces. Otros viven dentro de un animal u organismo no humano. Lo más extraño, en estos lugares, es que tú no eres el mismo, aunque sigues siendo tú. En los Mundos Virtuales vives en otro cuerpo y asumes la identidad de tu avatar.
El “avatar” –en estos mundos virtuales– es una imaginaria representación de ti mismo, que tú mismo adoptas, comprándola.
En uno de esos sitios web existen más de 8.000 apariencias para la venta.
Cifras no virtuales
En este momento los mundos virtuales pagados, en la Internet, sobrepasan los diez millones de usuarios reales y se están duplicando cada año.
Millones más ingresan a mundos virtuales gratuitos, algunos de ellos patrocinados por empresas, que han visto en ellos una excelente forma de hacer promoción de sus productos o servicios.
El comercio es parte integral de estos mundos. Los residentes gastan en dólares o en la moneda local cuyo nombre depende del mundo virtual seleccionado, disponen de cajeros automáticos para retirar dinero y adquirir toda clase de productos y servicios.
Se estima que los usuarios reales pagan un promedio de US$15 mensuales, para tener una segunda personalidad en línea. Cuando de mercadeo se trata, la información y compra de un producto virtual se encuentra a un clic del mouse. Los
vendedores que ofrecen productos virtuales son innumerables.
Un interesante mercado
Las marcas del mundo real han alcanzado los mundos virtuales. Las grandes empresas, ya sea Jeep o NiIke, se han dado cuenta de que estos espacios son una excelente forma de segmentar y alcanzar un mercado con poder de compra a través de los avatares, esos seres que esconden personas reales en un mundo que no es el real, pero que se parece mucho a este.
Los mundos virtuales están influyendo seriamente en la vida real. Sin ir muy lejos, basta ver la forma en que se viste –con disfraces– la juventud actual, que ha adoptado los trajes de verdaderos avatares.
Incluso los diseñadores de modas han encontrado en ellos una provechosa fuente de información, para poner de moda la ropa más disparatada imaginable.
Al igual que ellos, son muchas las empresas que están estudiando seriamente el fenómeno de los mundos virtuales para adaptar sus productos a las nuevas tendencias del mercado joven.
Los enormes avances tecnológicos en la producción de imágenes auguran que dentro de poco tiempo, los mundos virtuales pueden eclipsar al cine y la TV. Esto porque, en lugar de ver actuar a otros en la historia desplegada en la pantalla, los usuarios pueden crear y vivir sus propias aventuras en estos extravagantes mundos imaginarios.